¿Es posible el cine conceptual en Venezuela?

La pregunta que nombra esta conferencia se ha convertido más que en una interrogante en estos tiempos; para las nuevas generaciones de cineastas de nuestro país constituye un imperativo insoslayable: ¡creemos el nuevo cine nacional!

Hoy, cuando celebramos 115 Años de Cine en nuestro país, nos encontramos, quizás más que nunca, en un punto de inflexión en lo que concierne al desarrollo de esta forma de arte en Venezuela.

Esto no sólo se debe a que la cantidad de nuestras películas ha ido en aumento en los últimos años, gracias al apoyo de instituciones como el CNAC y La Villa del Cine, sino también a que la calidad de las mismas es cada vez más patente, cosechando muchas de ellas grandes éxitos dentro y fuera de nuestras fronteras. Tanto en términos de galardones en festivales como en lo que concierne a la aceptación del público.

A esta explosión del cine en nuestro país debemos sumarle el desarrollo de la tecnología digital en todo el mundo, la cual está permitiendo que cualquier joven con un ordenador, una cámara y una buena idea pueda realizar una producción de bajo presupuesto que, aunque seguramente no terminará proyectada en las salas de cine, es parte de la vorágine creadora que atrae cada día a más jóvenes entusiastas del discurso audiovisual.

Frente a lo expuesto un poco antes debemos considerar que la cantidad de institutos de formación y reflexión en materia de cine en Venezuela está en aumento: tenemos universidades con trayectoria reconocida como ESCINETV y nuevos centros de formación experimentales como la ENC y UNEARTE que pujan por generar más y mejores cineastas; además de diversos institutos y fundaciones, como el ICREA o el CELARG, por ejemplo, que generan ciclos de cine-foros en los que profesionales, aficionados y estudiantes de cine debaten las grandes obras del séptimo arte desde una perspectiva filosófica, poética o política, al igual que discuten en torno a las últimas producciones cinematográficas de nuestro país. Demostrando que el interés por un cine reflexivo y conceptual es cada vez mayor en Venezuela.

Además es pertinente tomar en consideración que hace poco se celebró el I Encuentro de Guionistas de Venezuela, acto en el que más de 300 participantes, entre profesionales y aficionados del cine y la televisión compartieron experiencias e inquietudes, en torno a la necesidad de profesionalizar cada vez más este oficio en nuestro país y de ampliar la variedad de temas que se presentan en nuestras producciones, así como sobre la importancia de que los guiones se adapten a las condiciones de bajo presupuesto de nuestro país, entre otras discusiones. Lo que hace evidente que la reflexión en materia de cine está convirtiéndose en parte de la cotidianidad del cinéfilo venezolano.

Ahora bien, no sólo es pertinente que se amplíen los temas en cuanto a su variedad de contenidos y enfoques, tal como se ha venido observando en las más recientes producciones de nuestro país. Sino, también, es conveniente que se trastoquen los fundamentos mismos del quehacer cinematográfico, sólo así es posible, efectivamente, un cine conceptual en Venezuela. De lo contrario tendremos que conformarnos con obras que dialoguen con el lenguaje del cine clásico, pero de lo que se trata, según entendemos, es de expandir los linderos de la creación artística.

Retomando nuestra pregunta inicial, hemos llegado al tema que queremos poner sobre el tapete.

 

La estructura del cine y su relación con el cine conceptual

Para nadie es un secreto que la Poética de Aristóteles es, desde hace más de dos mil quinientos años, un referente obligado en cuanto a teoría dramática. Su famoso análisis de los tres actos de la tragedia griega ha servido para establecer un modelo para narradores de todo el mundo. A esta influencia no ha escapado el cine, siendo utilizada por muchos guionistas como un mapa estructural en el que han vaciado sus ideas e historias.

Uno de los grandes teóricos del cine de la contemporaneidad, Robert Mckee, reconocido gurú del guión, ha establecido en su libro El Guión un análisis del discurso cinematográfico1 que puede servirnos para ilustrar el desarrollo de la historia del cine mundial, dividiendo los Films, desde una perspectiva del guión, en tres grandes categorías:

La primera es la que él denomina Arquitrama,  estos Films cumplen con los principios de la dramaturgia clásica, tienden a estar narrados de forma lineal y todas las interrogantes que suscita la historia son resueltas por el director. Piénsese en Hermano (2010) de Marcel Rasquin.

Luego tenemos los Films Minimalistas, éstos poseen una cierta estructura, pero el orden de exposición de los actos puede variar y no todas las interrogantes son resueltas, es decir, muchas de las preguntas que surgen a partir de la historia deben ser respondidas por el espectador. Un ejemplo de ello es el largometraje Oriana (1985) de Fina Torres.

Finalmente están aquellas películas que Mckee engloba con el término Antitrama, estas historias carecen de una estructura lineal narrativa, su discurso es fragmentario y exigen un esfuerzo del espectador, quien debe desvelar el sentido del film a través del ejercicio de su sensibilidad y reflexión. Entre estos Films podemos citar A Propósito de la Luz Tropical (1978) de Diego Rísquez.

Cada una de estas categorías puede confrontarse con las distintas etapas de la historia del cine mundial, según el análisis que usualmente se da, siendo la Arquitrama un ejemplo del cine clásico; el Minimalismo, por su lado, es lo que se ha conocido como cine moderno y la Antitrama vendría a ser el cine postmoderno.

En nuestros distintos centros de formación se estudia el guión cinematográfico a través de diferentes métodos, siendo El Manual del Guión de Syd Field uno de los más utilizados, ya que su análisis de los tres actos de la Poética de Aristóteles aplicado al cine es sumamente práctico y explicativo. Sobre todo por la cantidad de ejemplos ilustrativos que este posee.

He allí, en el paradigma clásico de la narrativa, precisamente, la crítica que queremos plantear con esta conferencia. Si bien es cierto que los tres actos de la dramaturgia aristotélica son efectivos para narrar historias que atrapen al público, lo cual ha sido probado una y otra vez en la gran pantalla, no es menos cierto que dicha perspectiva también puede constituirse en un límite para la creatividad humana, pues al establecerse ese esquema como una estructura fija sobre la cual debe analizarse todo guión cinematográfico (susceptible a ser financiado) ésta descarta, a priori, cualquier tentativa de innovación en lo que a la narrativa cinematográfica se refiere.

Lo que intentamos decir es que, a pesar de ser cierto que existe un efectivo interés por un cine más reflexivo y conceptual en nuestro país, también debe acotarse que las instancias que financian y apoyan el desarrollo de producciones cinematográficas en Venezuela se encuentran estancadas en el modelo clásico de la dramaturgia, lo cual hace difícil que producciones modernas o postmodernas, cuyas estructuras no responden al paradigma de Syd Field, puedan llegar a las salas de cine en nuestro país. Convirtiéndose las instituciones en una prisión para el propio desarrollo del arte cinematográfico.

Claro está, existen ejemplos de Films venezolanos que ya han superado ese esquema, pero esas producciones son escasas. En este sentido, es menester que las instancias que financian el cine en nuestro país abran espacios para el desarrollo de un cine experimental en el que los jóvenes realizadores encuentren un lugar para pensar el cine desde nuevos paradigmas, pues ¿por qué debe estancarse el cine en un modelo lineal de contar historias? Además ¿por qué el cine debe contar una historia, necesariamente? ¿Acaso el cine en Venezuela no puede ser ocasión para una póiesis en la que un pensamiento fragmentario, no teleológico, sea ocasión para pensar la vida,  tal como lo presentan algunos autores contemporáneos como David Lynch, Terrence Malick o Wong Kar-wai?

Dejamos estas interrogantes abiertas para futuras discusiones. Sin embargo, quisiéramos tocar otro punto que hemos dejado sin resolver un poco más arriba y éste es el de la relación entre cine conceptual y la estructura del cine.

Para que exista un verdadero arte conceptual es necesario que los aspectos formales de la creación artística sean secundarios frente a los conceptos que se imprimen en la obra. Así la idea priva por encima de la forma, lo cual, todas luces, no sucede en nuestro país, puesto que las instancias de financiamiento jerarquizan la forma sobre los conceptos, al establecer el modelo de los tres actos aristotélicos como paradigma único para el análisis de guiones, limitando el arte a ser una anécdota en la que la relación entre el público y la obra se establece de forma pasiva, siendo el espectador un elemento distante en la constitución de la obra de arte. Cuestión que es contraria al arte conceptual, ya que, en su carácter reflexivo, tal como en el cine moderno y postmoderno, exige, una participación activa del sujeto, quien, a través del ejercicio de su sensibilidad y reflexión produce el fenómeno artístico en una relación dialéctica entre el sujeto y la obra de arte.

 

Conclusión

Comprendemos que la dramaturgia clásica es, y seguramente seguirá siéndolo por mucho tiempo, necesaria para el desarrollo de una industria cinematográfica, ya que el público está habituado a esta clase de historias, he allí su valor. No obstante, insistimos en que es importante un cine reflexivo que pueda romper con las cadenas de los tres actos, pero esto no será posible sino en la medida en que las instancias de financiamiento del cine en Venezuela como el CNAC y La Villa del Cine abran convocatorias para desarrollo de guiones sobre la base de la experimentación, lo cual significa buscar nuevos criterios para evaluar dichas obras, lo que exige una constante reflexión sobre el arte de contar historias a través de imágenes.

Aquí se podría establecer una crítica, con cierta validez a nuestra postura, ya que cualquiera podría afirmar que esa clase de cine carece de interés en Venezuela y que de lo que se trata es de crear historias que atrapen al público, no de trascender los límites del arte. Esto podría tomarse por cierto, pero ¿qué habría ocurrido si hombres como Andrei Tarkovski o Glauber Rocha se hubiesen restringido a complacer al público? Lo más seguro es que la historia del cine se hubiese privado de películas como El Espejo y La Edad de la Tierra; obras de arte que tal vez en su momento no obtuvieron mucha taquilla, pero sobre las que hoy todavía discutimos en las aulas de clase.

Al respecto, consideramos que el gusto del público se puede elevar y refinar para que acepte un cine conceptual y reflexivo, aunque comprendemos que es una tarea compleja y que demanda un gran esfuerzo por parte de los creadores, de las instituciones de fomento al cine y de los entes de formación. Sólo a través de la sinergia de estos factores haremos posible un cine conceptual en Venezuela.

Por último, quisiéramos señalar que nuestras opiniones no sólo se basan en una reflexión teórica, sino que están orientadas por nuestra experiencia en las aulas de clase, la cual nos dicta que existe un juventud que se está preparando para reinterpretar el cine nacional, sólo basta esperar que la dialéctica de la historia cree las condiciones necesarias para que esa fuerza innovadora tome las riendas del arte cinematográfico en nuestro país.

Marlow Zurita

 

 

 

1. Mckee, R. (2002) El Guión (8va ed.). Barcelona: Alba Editorial