“Adora a tu ciudad, pero no por mucho tiempo.
Una ciudad no es fiel a un río ni a un árbol.
Mucho menos a un hombre. Las ciudades se
Prometen al que llega, pero no aman a nadie“
Eugenio Montejo, Mural escrito por el viento.

La ciudad imagen ficcional y real en la creación del
Cine Venezolano 1950-2012


Partiendo de la visión poética de Montejo sobre la ciudad, o las ciudades que marcan el imaginario literario y cinematográfico que cautivan al lector y por supuesto al espectador , ese detalle que capta la cotidianidad es también el terreno donde se desarrollan cientos de historias que construyen y descostruyen los mitos heroicos , las luchas por los sueños , la denuncia social y por ende las situaciones donde abundan los héroes , los picaros , las celestinas , las mises , los capos , la marginalidad , que trata de ver como un espejo balzatiano parte de la realidad , la ficción que es el reflejo de la urbe que amamos y odiamos a la vez. Este espacio es Santiago de León de Caracas, que colma y atrapa la visión de nuestros cineastas con una estética que intenta atrapar y darnos una visión o visiones de una ciudad que constantemente se está creando a sí misma, construyéndose, destruyéndose, donde la memoria histórica es solo una palabra vaga que rememora los propios espacios que han existido. Una ciudad que se devora así misma y nunca mira hacia atrás en aras de la modernidad y el tiempo que siempre sacrifica para el progreso. Como es esta ciudad, la vemos reflejada ampliamente con sus espacios e historias desde la perspectiva de la urbe rica y progresista de los años cincuenta que atrapa por su modernidad y dinamismo arquitectónico, hasta la visión actual insegura y vacilante que nos muestra una ciudad del caos. Desde la apacible muestra de la Venus de nácar, La escalinata, Sagrado y Obsceno, Se solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia, País portátil, Macho y Hembra con la imagen final de la Caracas cultural de los ochenta, huele pega, Maroa, Amaneció de golpe, Secuestro Express, la Hora Cero, la imagen de una ciudad nos atrapa y seduce con una fuerza de credibilidad, de fascinación, de embrujo, es un mundo imaginario o real que desborda a la propia ciudad. La ciudad tiene su propia lógica y todo un sistema de causa y efecto que son descritos minuciosamente por nuestros directores, ejemplo de ello es Clemente de la Cerda en Soy un Delincuente I y II. Hay en Caracas y su imaginario dos características que nuestros directores han observado obsesivamente: el acercamiento a la realidad cotidiana y a la verosimilitud. La noción de saga, donde el director cuenta la vida de una familia, barrio o clase social, Hermano, Postales de Leningrado, El Escándalo, nos dan esta perspectiva de la urbe. Estos dos elementos combinados son los que van utilizar para sobrepasar la realidad de la ciudad:

Un proceso de sistematización dando no sólo unos personajes y un tipo de sociedad, sino buscando y creando unas reglas de funcionamiento. Podemos ver al policía, el motorizado, el guerrillero, el periodista, la miss, el malandro, Anita Camacho tratando de levantarse a Marino Méndez, a Félix Edgardo Salazar en Domingo de Resurrección, La Garza, la parca. Estos personajes emblemáticos de la ciudad que a la vez simbolizan la venezolanidad y permite ver su reflejo en el cine, a la vez que construyen una imagen de la ciudad que habitan.

Otro proceso de engrandecimiento y concentración que tiene la tendencia de aumentar la dimensión de todo lo que describe , el realismo mágico , que marca y define lo latinoamericano y más en una realidad como la caraqueña donde todo se exagera y a la vez se magnifica . Si es un amor, es un amor enorme como en Macho y Hembra, Amor en Concreto, Piel, caracas amor y muerte, si es un vicio, será una fuerza creciente que acaba por no caber en el cuerpo que lo padece, o la pasión extrema como en Macu, no hay medias tintas para los personajes de la ciudad. Sus bares, Burdeles, discotecas, pub, la música que ayudan armar este profundo imaginario de lo citadino desde Billo´s Caracas Boys, La salsa Brava, el tango gardeliano, el bolero melancólico de la rocola junto al ron y un paquete de Belmont. El disco music, el rock, marcan el ritmo de los personajes, de ficción o realidad. Todos nos recordamos del velorio barroco-tropical de la Garza en el Pez que Fuma, con sus alusiones al entierro del Conde de Orgaz o de los funerales de la Mama Grande, de Gabriel García Márquez donde este ritmo música producen el efecto barroco del teatro de la vida, marcan esta teatralidad que es propia del barroco entre lo sublime y lo grotesco. No es acaso Caracas una ciudad marcada por esta dicotomía donde lo sublime y lo grotesco se impone como una realidad que nos abruma, nos cubre y hasta nos aniquila.

Por medio de la proyección de su imaginación sobre la realidad que cuenta, el creador venezolano abre esta imaginación en imágenes. Que podemos dividirlas en imágenes primitivas y violentas. La ciudad devoradora con estampas de violencia de todo sentido , cruel , salvaje , como el perro que la lame la sangre en un primer plano de la hora cero , la violencia y la estética de la misma en Secuestro Express o Macu.Tras esto , la cara amable de la ciudad , los salones , los restaurant , las fiestas , la vida . Coctel de Camarones en el día de la Secretaría sería un buen ejemplo de ello. La imagen de lucha, en la que cada personaje emplea sus armas contra el enemigo, que nos evocan un pasado glorioso como país portátil, Oriana, Miranda entre otras. Porque la gesta independentista marca una parte de la imaginación y creación dentro de este espacio ficcional que es Caracas. Los temas principales que se repiten constantemente en toda la creación con base en la imagen de la ciudad, podemos deducirlos y equiparlos al realismo de Balzac en la Comedia Humana, la ciudad descrita en imágenes de calles, avenidas, su casa y habitación. Poder-dinero-secreto-resentimiento-envidia-amor-odio, arman los deseos triangulares de los personajes de esta urbe desde un golpe de estado, hasta pedir justicia en Disparen a Matar, o un secuestro express, que reflejan nuestra realidad y son la carta de presentación de lo venezolano en el mundo. Realidad desdoblada en dos polos que muestran a la gran urbe del Caribe como algunas ves fue definida Caracas, nuestra ponencia trata de tocar algunos de los tópicos o lugares comunes que marcan y han marcado nuestra producción cinematográfica , centrada en la capital , “ Caracas simboliza a Venezuela es su centro y su eje . Esta imagen central construye un imaginario, casi religioso o mítico en donde las provincias se reflejan y a la vez se refractan en el gran espejo que a la vez refleja al mundo.” Arturo Uslar Pietri. Axis mundis venezolano que arma nuestra producción cinematográfica, desde que la modernidad toma carta, con la ciudad ideal de Villanueva, abre nuevos espacios que se integran al armado espacial de la ciudad y aparece el bloque que toma carta sobre todo como imagen simbólica de la nueva sociedad producto del petróleo, reflejo de la Venezuela saudita, en el cine de los setenta, hasta hoy. Ciudad-imagen-cine-creación que en palabras de Rafael Cadenas: “Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor” Los cuadernos del Destierros. Sintetiza toda esa pasión que concentra la imagen de la ciudad y por antomasía, la vida del venezolano que se ve reflejada en su entorno citadino.

Podemos ver como la imagen urbana nos abre las diferentes vertientes en la creación cinematográfica: Que también traspasa la realidad, presentándola siempre como algo antitético y dramático. Por medio de la visión religiosa, teológica que nos presenta un sincretismo religioso en consonancia con lo real maravilloso americano, donde el pensamiento lógico y el mítico se funden entre lo mágico y lo real. Que marca un espacio real muy concreto dentro de la ciudad, que rinde y cree en los cultos de María Lionza, Negro primero, la corte malandra y la corte militar. Nos conforma este imaginario de la ciudad en el cine. Unida a la imagen de la virgen y del Nazareno, a los cuales rinde culto con fe, esta imagen procesional, abre Oveja Negra de Román Chalbaud, todos los participantes del drama, desfilan vestidos con la túnica del nazareno, en cada imagen de la creación venezolana siempre está presente José Gregorio Hernández, el Nazareno, la virgen, la sábila atada en las entradas de la puertas, San Miguel Arcángel, que nos liga y toca nuestra fibra. Ya que forma parte de la cotidianidad del venezolano. Por eso esta parte mítica aflora como un tema constante de nuestra realidad.