¿Es el vicio único patrocinante de la cultura?

Fotografía Harold M. Cooper

Se suele exigir al artista que lo dé todo, que se exprese mucho, y que siempre rompa barreras. Músicos y actrices siguen esta instrucción de gerentes o financistas de sus carreras, incrementando para el gremio artístico las estadísticas de adicción, muerte súbita o prematura, e infelicidad.
Tabacaleras, destiladores de bebidas espirituosas, traficantes de sustancias ilícitas, y demás partícipes gremiales del vicio, ¿es acaso indispensable que se erijan como principales promotores de lo que suele catalogarse como industria cultural? Una simple ojeada a los estados finacieros de las empresas del vicio, en comparación a los estados finacieros de las industrias culturales, sugiere que es el arte quien sucumbe ante lucrativas lujurias.

Organizar estrambóticas rumbas se ha tornado como obligación de la decadente cultura occidental. No es casual que los mejores estudiantes en universidades americanas y europeas provienen de Asia y se gradúan con honores, pues aprovechan su tiempo estudiando mientras sus populares compañeros de Occidente se desgastan en festividades permanentes.

Los defectos del nuevo orden mundial no son sólo culpa de grandes financistas que supuestamente manejan los hilos de nuestras vidas. Somos nosotros quienes, en nuestra constante búsqueda de placer, contribuimos a la decadencia del viejo orden. Si desechamos lo que tenga demasiados efectos secundarios, y elegimos productos y servicios cónsonos con ideales de vida, proporcionaremos inspiración a artistas que busquen reorientar creatividad.

Rubén Rivero Capriles
Coordinador ESCINETV. Matemático. Artista.